Juan
Arreola ingresó al escultismo en la década de los ochenta, años trágicos
y de grandes cambios para el movimiento scout nacional, durante esos
años el escultismo de campiña empezaría a ceder paso a un ente amorfo
conformado por el nuevo adelanto, la inclusión de las muchachas scouts
y el desafortunado desmembramiento del Sistema de Patrulla, por medio
de estas reformas la Asociación de Scouts de México desechaba la filosofía,
principios e ideales plasmados en las máximas obras de Baden Powell
y Roland E. Philipps. Había que dar paso a las nuevas teorías del análisis
psicológico y del desarrollo juvenil, el espíritu de 1907 había envejecido
según se justificó. ¿Para qué salir al bosque a rastrear al venado o
al tejón si en el curso de insignia de madera se enseñan los últimos
avances en administración para ramas, juegos y canciones de moda y todos
los principios organizacionales que el despistado Sir Baden Powell of
Gilwell olvidó incluir en Escultismo para Muchachos?.
El irremediable
carácter de los miembros del Grupo VII (idiosincrasia posiblemente adquirida
por algún misterioso conjuro durante las noches pasadas en contacto
con la naturaleza), favoreció el aislamiento respecto a las grandes
ideas provenientes de las privilegiadas mentes de los dirigentes de
la Asociación, acción que evidenció el creciente desprecio "sietista"
ante toda instrucción scout que no tuviera como base la vida al aire
libre. Por aquel entonces la Tropa del VII era liderada por Jorge de
la Parra del Valle quien a la cabeza de un grupo de verdaderos cavernícolas
(cabe mencionar al Gordo Moisés, el Caníbal, el Cámara-Chale, Mario
Ramírez "Amadito", Armando Rincón "El Pañalón", César Nieves "Tato",
Juan Manuel Guerra, Erik Rojo, entre otros) fueron quienes le dieron
la bienvenida a Juan Arreola. Es necesario mencionar que aquellas épocas
no eran las mejores para ser pie tierno en la Tropa del VII, sin embargo,
por alguna razón inexplicable aquel muchacho tranquilo y callado se
contagió de esa loca "fiebre" que invade irremediablemente a aquellos
que portan un Pañuelo Azul. Por instrucciones del Jefe de Tropa entra
a la Patrulla Búhos en la cual permanecería por más de un año, sin embargo,
hay que decirlo, sus plumas habrían de ser de otro color, tatuado en
su corazón se encontraba el rápido vuelo del halcón.
Según recuerda
Evaristo García Pazarán, quien eventualmente sería su Guía en la Patrulla
Halcones:
"La primera
vez que lo vi fue unos 5 años antes de que entrara al VII. Una tarde
de sábado mi hermana nos llevó a mis 2 hermanos y a mi a la parroquia
de la colonia donde se reuniría un nuevo grupo de scouts, ese día no
logró reunirse el número de niños que deseaban los dirigentes, tampoco
sucedería en el siguiente sábado y mucho menos al consecuente por lo
que decidieron definitivamente cancelar juntas. Del pequeño grupo de
niños que llegamos a asistir, el más entusiasta aparte de mis 2 hermanos
y yo era uno no mayor a los 7 años, chiquillo algo regordete y que siempre
llevaba consigo una pelota de futbol bajo el brazo, recuerdo que le
pregunté su nombre a lo que me contestó: Juan Arreola.
Pasaron varios
años antes de volver a ver a quien se convertiría al paso del tiempo
en un excelente amigo. Era el año de 1983 cuando ingresé a nuestro querido
Grupo VII, recordé su cara aunque ya no estaba tan regordete y era un
poco más alto. Creo que nunca más volví a llamarlo por su nombre (si
acaso cuando hablaba a su casa), en la tropa se le conocía como "Chicon".
Fue en su
primer campamento en febrero de 1983 (al Capulín), cuando recibió su
no muy glamoroso apodo de "Chiconcuac", el cual le fue otorgado por
Francisco Martínez ("El Negro") cuando al presentarse al local de grupo
para salir de campamento no llevaba chamarra, por lo que entre la ropa
usada que la tropa había estado juntando a fin de financiarse el viaje
para asistir al Jamboree Mundial 1983 en Canadá (y al que asistieron
Iván y Fernando Guerra Villasana), el Jefe de Tropa le pasó un suéter
de lana de Chiconcuac que no se quitó en todo el campamento, ni aún
después de haber quedado totalmente empapado cuando cayó al río. El
lector que haya tenido contacto cercano con la tropa de aquel entonces
sabrá que a semejante tribu de trogloditas (en diversas ocasiones fueron
confundidos con la "Banda de los Panchitos") especializada en la técnica
scout era demasiado exigir que recordaran el complicado nombre de nuestro
personaje de referencia así que se le llamaba por "el del suéter de
Chiconcuac" que posteriormente derivaría en "El Chiconcuac" y por simplicidad
en "Chicon".

Realizó su
Promesa Scout en el año de 1984 eligiendo el tótem de "Halcón Alpino
Thai", para aquellas fechas el muchacho reservado que todos habíamos
conocido se iba transformando poco a poco en un derroche de alegría
e imaginación desbordada. Era todo un espectáculo verlo durante las
fogatas de campamento cantar a todo pulmón con esa chispa que hacía
que las últimas noches de campamento se convirtieran en eventos memorables.
Irónicamente teniendo un apodo con varias derivaciones, el se especializó
en bautizar con apodos (o modificarlos) a los miembros de la Tropa.
Víctimas de su ingenio recordamos "Papar", "Sobar", "Tranzar", "Trozos",
"Troncos", "Urko", "Molcas", "Boiler", "Shull", "El Cabeza de Papa"
(puesto a un prominente miembro del Grupo), etc.
La madrugada
del sábado 1 de agosto de 1987, en "Playa Azul", Michoacán recibe el
cordón de mando de la Patrulla Halcones de manos de Jorge Luis Álvarez-Tostado.
Juan fue el último guía en unirse a la camada de guías formada por Raúl
Delgado Aranda (Búhos), Oscar Máyen Alemán (Rinocerontes), Gerardo Magaña
Silva (Cóndores) y Mario Nieves Trejo (Tigres). En ese mismo campamento
Pablo Alvarez-Tostado recibe las cintas de patrulla y Eulalio López
las cintas de subguía.
Fue uno de
los más de 30 scouts de la Tropa del VII que realizaron aquel inolvidable
viaje a Canadá en el verano de 1988. Cabe señalar que la Tropa recorrió
en tren, camión y barco más de 10,000 Km., 5 Estados de la República
Mexicana, más de 6 Estados de la Unión Americana y una Provincia canadiense
en los 15 días que duró el viaje. La última noche en Canadá, el Jefe
Tropa, Iván Guerra Villasana, en una emotiva ceremonia se despide de
la Tropa entregándole el cordón a Juan Daniel Olagaray Sobrado quién
se convierte en el tercer Olagaray en ser Jefe de la Tropa Roland Philipps
del Grupo VII.
Su viaje
de Primera Clase lo hace sólo al Cerro de la Bufa en el Estado de México
y recibe la tan añorada insignia en diciembre de 1988 en Cañadas de
Nexpayantla junto a Raúl Delgado (Guía Búho), Gerardo Magaña (Guía Cóndor)
y Mario Nieves (Guía Tigre). En abril del siguiente año y después de
casi 2 años de ser guía le entrega la patrulla a su brazo derecho y
dolor de cabeza Pablo Alvarez-Tostado.
Formó parte
del Clan de Rovers del Reino Unido de Pontesbleu donde obtuvo las cintas
de escudero, pero mientras estudiaba la carrera de diseño gráfico una
mañana del mes de febrero de 1994 fue llamado a plantar su tienda a
lado del Señor. Triste coincidencia con el temprano deceso de Amadito,
otro scout de similares características de espíritu y jovialidad.
Chicon es
una de esas personas difíciles de olvidar, para todos aquellos que tuvimos
el privilegio de su amistad, ni el calor de la fogata, ni la luz de
las estrellas, ni aun el frío del rocío de la mañana nos distraen y
compensan su partida. A Juan lo puedo recordar cantando, cargando su
mochila de campamento color café, poniéndose sus calcetubos, haciendo
el paso de la muerte, comiendo moronga, construyendo campamentos o gritando
a todo pulmón ¡Halcones Siiiiiempre!. . . . . . . . . . . ¡H E R M A
N D A D!, pero sobre todo lo recuerdo sonriendo...

Raúl Delgado Aranda R.S.
Búho de las Nieves
Enero de 2002
Principio
Volver
a Biografías