Durante
mi trayectoria escultista en el Grupo VII y mi desempeño en
los Scouts de México como miembro de su consejo nacional por
un período de dos décadas, viví intensas inquietudes,
aventuras y desventuras, que me conducen hoy ante su feliz presencia,
a intentar un análisis crítico, congruente con el pensamiento
de la muerte próxima, más allá del odio y el
amor, de la envidia y del desprecio.
"EL VII, COMO EL CIELO:
AZUL Y ETERNO"

Nunca
imaginé que mi andadura al través del escultismo me
traería aquí, toda vez que mi obra alcanza apenas modesta
trayectoria.
De
la manada de lobatos del VII Azul, casi para todos de existencia desconocida,
y después de un período de reorganización de
la vacilante tropa, pasé directamente a la patrulla Búhos
con mi añorado guía Guillermo Pérez Olagaray.
Con él aprendí la raíz esencial del escultismo
y la magia maestra de acampar.
Con
Mario Alfonso de la Parra como jefe de tropa, viví junto con
los Rinocerontes, experiencias de nombradía en los campamentos
volantes.
Hoy
lamento escuchar que los Rinocerontes eran mejores que los Búhos.
Es falso. En mi época todos teníamos nivel de tal calidad,
que hoy sería la envidia de muchos grupos.
Mi
guía de patrulla se retiró del grupo y pasé a
desempeñar su función, al tiempo que concluí
en la tropa mi adiestramiento con la insignia de caballero scout.
El mando de la tropa consideró conveniente mi designación
como scout solitario del Grupo VII, lo cual propició mi desarrollo
escultista con buena dosis de excelencia y la visión ampliada
de mi propio y personal campo de acción. De esta manera, la
voluntad individual de crecimiento, de autoformación, a pesar
de los tasajos superó la frustración.
Estudié
fallas imperantes de concepción escultista, investigué
la naturaleza del Movimiento, y comencé a trascender con la
publicación de mi texto "Para ser Scout", a la edad
de 17 años, en edición independiente, costeada por mi
señor padre.
Fue
así, cómo, de scout solitario del Grupo VII, con la
voluntad expresa de la Asamblea Nacional, pasé a ser comisionado
de publicaciones de la Asociación. Esta actividad fue principalmente
de carácter personal, realizada bajo el control y supervisión
del comité ejecutivo (del que yo mismo formé parte siempre),
del tesorero, y de las comisiones nacionales de scouts y lobatos.
De los miembros de la Asociación en general recibí únicamente
colaboraciones eventuales y limitadas. En tal virtud, y ante la inmensa
magnitud del trabajo requerido, perdí mis relaciones con los
grupos scouts, entre ellos, el mismo de mi génesis, el VII.
La Ley Scout
El
inmoderado amor a sí mismo, el egoísmo, es causal de
que el paisaje nacional, otrora un vergel, tenga sequía moral:
fama y riqueza irresponsables. Exitismo facilón de la sociedad
actual, en vez del cuidado por trascender: estar o ir más allá.
Sin
sentido humano, privado de los diez principios de la ley scout, no
podemos formar buenos ciudadanos en nuestros grupos.
La
ley scout es la savia del árbol del escultismo. Es el tesoro,
el espíritu del Método Scout. Ese decálogo, el
mismo que concibió el genio de Baden-Powell, reside nuestro
motivo central: los conceptos de hombría de bien, de amor patrio,
de preservación de la fauna y flora, de la religiosidad, de
la tolerancia. Gracias a ella, en este mundo astroso, el escultismo
vive como un elemento rector de la conciencia.
Si
el escultismo ya no vislumbra tiempos de expansión, por causas
ajenas a su naturalidad, debemos acrecentar su nobleza y genio, para
hacerlo de calidad y que pueda gozar de la estimación general.
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Destaca,
entre los diez artículos de la ley, el primero, el del
honor, el de la honradez en el carácter y el comportamiento.
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La
avalancha de obras sucias ha deteriorado parcialmente el crecimiento
que merece el escultismo, desde el Jamboree del 37, cuando unos jefes
se separaron de la Asociación primigenia para tener que unirnos
a ella algunos años después. Consejeros nacionales y
ejecutivos torpes han entrado de fijo en una maratón de presiones,
trampas y astucias que muchas veces terminan con el triunfo del desconcierto
y de la desilusión. El escultismo pierde el ser cuando la corte
de honor sigue imperando como un tribunal de castigos y no como un
instrumento de formación en buena ciudadanía, al continuar
expulsando banalidades.
Otro
artículo de la ley que merece especial atención es el
sexto, el vinculado a la naturaleza, nuestra única casa, nuestro
planeta, que no pertenece a nadie, salvo a Dios.
Nuestra
arrogante frase de antaño: "vida en el campo al aire libre,"
ha tomado asiento generalizado en muchísimas personas, que
van a acampar con equipos comerciales cuyo uso no requiere casi en
nada de la destreza y del aprovechamiento natural de los elementos
propios y sugerentes que nos brinda el campo. Fundamentalmente, la
práctica de sus acampadas tienen validez en la convivencia,
el recreo y la diversión, pero no conllevan la autoformación:
la propia formación del carácter.
Jefes y
Dirigentes
El
jefe de tropa es el operador del escultismo en su prístina
intención de formar carácter en buena ciudadanía.
Es el líder orientador del muchacho, el hacedor de su creatividad
futura. Nadie mejor que él para conocer los alcances del muchacho
en su desarrollo como ciudadano productivo.
Formar
es crecer, producir algo. Y carácter es fuerza y elevación
de ánimo, firmeza, energía; valores y grados de aptitud
que sí generan el escultismo, como la mejor inversión
de carácter nacional. De paso sea dicho que ni la universidad,
ni la empresa, podrán alcanzar ese logro, como sí puede
hacerlo nuestra institución.
En
este punto no olvidemos que el escultismo pierde esencia en la medida
en que se desvencijan sus partes que estaban unidas: patrulla, tropa,
corte de honor, plan de adelanto. No queramos inventar a Baden-Powell;
él nos inventó.
¿En
qué medida logra el escultismo cristalizar ese anhelo intrínseco
a su naturaleza? En la misma magnitud de la correspondencia del muchacho
para con su jefe. La formación no tendrá lugar entre
la apatía del muchacho y la estulticia de su jefe.
Aunque
las técnicas propias del escultismo brindan al jefe una gama
amplia de posibilidades para formar a los jóvenes, el Método
no puede ser aplicado con criterio masivo para todos. Ha de ser selectivo.
Y esto requiere jefes altamente calificados.
Soslayemos
a los jefes y dirigentes mediocres, antes de su ingreso, porque de
poco van a servir a la juventud.
La
Asociación está en espera de una urgente reestructuración,
con serios valores personales. Busquémoslos, antes que el problema
de los advenedizos nos estalle en la cara.
Lineamientos
para formar buenos ciudadanos
La
inversión de tiempo y dedicación al escultismo redituó
en mi persona la firme y profunda vocación de escribir y de
editar. Este ejemplo de trascender en la vida puede lograrse en los
jóvenes scouts que al través de sus guías (de
patrulla) y sus consejeros, que no "jefes" de tropa, hagan
un escultismo cierto, procurando:
- Aplicar la
Ley Scout con sentido humano, como una norma de hombría de
bien.
- Motivar a crear,
a trascender.
- Desarrollar
el trabajo en equipo, considerando que no es siempre la óptima
solución, porque el equipo nunca sobrepasa al que más
sabe del conjunto.
- Inculcar en
los muchachos el concepto de que el desarrollo personal en buena
medida depende de su esfuerzo y de su responsabilidad.
Para
terminar, todavía me asaltan tristes recuerdos de quienes fueron
diestros en extirpar de mi corazón el principio racional del
Método Scout, su gracia generadora, su alma afectiva. ¿Qué
valen las condecoraciones, los diplomas o los insultos, ahora que
su presencia remoza en mi persona afanes escultistas y mi apego a
la membresía espiritual del VII?
Mil
gracias a todos, incluyendo a mis enemigos, que también son
míos. Me despido con mi corazón henchido de emoción
y agradecimiento, lleno de regocijo, sin esconder mi felicidad.
César
Macazaga Ordoño
Discurso pronunciado
en el Centro Universitario México "CUM" el 28 de
septiembre de 2002.