Allá
por el año de 1955 yo era guía de la patrulla Tigres
del Grupo VII de México. En ese entonces el Clan organizó
un maratón de México a Cuernavaca como parte de las
celebraciones del XX aniversario de fundación del grupo, y
para tal efecto invitaron a distintos grupos scouts, sin embargo,
como no se animaron a participar la carrera se limitó a rovers
y scouts de la tropa del Grupo VII.
Sin
más mapa que el común de carreteras, trazamos nuestra
ruta, que recorrimos nada más una vez antes de la competencia.
El itinerario era del Monumento al Caminero a Cuevas del Aire; subida
por el lado derecho del Pelado, bajada a los Llanos de Fierro del
Toro, Tres Marías y de ahí a Cuernavaca por las torres.
Aunque
los competidores guardaban en secreto su ruta, todos seguimos la misma.
El mayor tiempo que había para perder era la bajada del Pelado,
por la falta de re-ferencias para descender en línea recta,
puesto que había muchas veredas y los árboles dificultaban
la orientación. En ese Maratón se estableció
un premio al mejor tiempo por equipo y otro al scout ganador de la
carrera.
En
las subidas nuestro paso era rápido, en el plano trotábamos
a paso scout y en las bajadas apresurábamos la carrera. Se
impuso como requisito llevar mochila scout con un peso de cuatro kilos
y botas de campamento.
Nuestro
equipo tomó la delantera desde el principio. En la subida hasta
las Cuevas del Aire tuvimos que bajar la velocidad porque a un miembro
del equipo le faltó aire para subir aprisa. Después
de las Cuevas decidimos rezagarlo para no perder más tiempo.
En la subida del Pelado tuvimos el mismo problema; en la cumbre antes
de iniciar la bajada, descansamos un poco, allí nos alcanzó
un equipo rover que sin detenerse inició el descenso. Este
al-cance nos acicateó. En la bajada caímos un poco desviados
a los llanos del Fierro del Toro.
Checamos
en Tres Marías donde nos tomamos una cerveza y nos dimos un
segundo descanso. Otro miembro del equipo decidió bajar más
despacio por una ampolla que se le había reventado. No sabíamos
si íbamos en la delantera. La bajada fue relativa-mente lenta
porque a mi compañero le dolía la rodilla. Con este
incidente, decidimos que yo me adelantara; bajé con bastante
velocidad, tratando de recuperar tiempo.
Un
par de kilómetros antes de la meta perdí más
de media hora tratando de llegar a la carretera. En este último
momento con la prisa por llegar, perdía, además de tiempo,
mu-chas energías. Me desesperaba viéndome atorado y
sin encontrar vereda, veía correr los minutos ansioso, brincando
cercas y matorrales, con temor de ser alcanzado en el último
momento.

Maratón México
- Cuernavaca
Verano de 1955
Evento organizado como festejo del XX aniversario del Grupo VII
Sergio Fernández (clan), Adrián Ramírez (clan)
y José Miguel Quintana (guía
de la patrulla Tigres) a su llegada a Cuernavaca.
Por
fin, después de mucho laberintear pisé asfalto, como
a quinientos metros de la Glorieta de Cuernavaca, donde se unen las
carreteras. Allí estaba, Perico Pérez, en la meta tomando
cine; esperaba también Manuel San Emeterio. Mi pregunta de
congoja fue: ¿Soy el primero? "Sí, con seis horas
cuarenta y cinco minutos".