Resulta
que en mi época de subguía fui comisionado para adiestrar a los nuevos
muchachos que ingresaban a la patrulla; yo me sentía sumamente defraudado
cuando, después de haber permanecido dos o tres semanas en las juntas
con un aspirante a scout, a quien incluso lo acompañaba a su casa para
explicar todos los quehaceres y saberes del escultismo hasta donde yo
conocía, de repente no volviera.
Reconvine
con mi guía de patrulla hacer unos apuntes para dárselos a los muchachos
que llegaran. Acordamos vernos a la siguiente semana con un texto de
distinta materia. Yo cumplí, pero mi guía no llevó nada. Después de
sufrir esa decepción proseguí ya sin esperar la ayuda de nadie, hasta
terminar de redactar un manualito de tercera clase, esto ya cuando tenía
diecisiete años, en mil novecientos cuarenta y tres.
En lo personal,
empecé a interiorizarme en los propósitos y fines del escultismo; los
conocimientos no sólo fueron prácticos, que abundaron, sino también
técnicos. Mi jefe de tropa, Mario Alfonso de la Parra, tenía una edición
en inglés de Scouting for Boys, el cual leí ayudado de un diccionario
y el poquito de inglés que me enseñaron en la escuela; también tenía
otro ejemplar de Drell of the Scout Troop (Instrucción de una tropa
scout), producido por los dirigentes de la asociación inglesa para instrucción
de los usos del bordón, las señales y formaciones, fueron publicados
por la Boy Scout Asociation de Londres. Los analicé con una avidez tremenda,
de tal suerte que para mí fue un descubrimiento sensacional conocer
que el escultismo tenía fundamentos teóricos, que había literatura.
Mientras
tanto, vi que los libros de Mario Alfonso de la Parra decían The Boy
Scouts Association, 25 Buckingham Palace Road, London SWI, England,
y de los poquitos centavitos que logré juntar, hice mi carta solicitando
un catálogo de scout books; fui a una sucursal bancaria y pedí un cheque
de cinco libras esterlinas, que mandé junto con mi carta: me llegó junto
con una carta atentísima de los scouts de Inglaterra. Empecé por pedir
The Patrol System, de Roland Philipps, y así una serie de libros; llegué
hasta comprar libros de árboles y plantas. Conforme fui creciendo en
el escultismo y ahorrando cada vez más dinero, adquirí otros libros
de los scouts de Inglaterra. También me puse en contacto con el service
library de la asociación de scouts de Estados Unidos, donde encontré
otro mundo de publicaciones que empecé a adquirir. Me convertí en un
teórico del escultismo, quizás el mejor de mi época, y a su vez, como
lo había practicado en le campo, pues se combinaron perfectamente mis
conocimientos e interés.
Mi idea era
utilizar este libro para mi patrulla, pero entonces un día se lo presenté
a Mario Alfonso de la Parra, quien me dijo no, hombre, esto que sea
para la tropa, no para la patrulla Búhos. Haz una edición de cien ejemplares
en mimeógrafo: los vendes, aquí te los compramos entre nosotros mismos,
y después otras tropas te los pueden comprar; cuando traté de hacerlo,
resultó que salía muy caro. Las fotocopiadoras que había eran de tipo
Kodak y salían carísimas ya que eran casi fotografías.
Me encontré
con que el papá de Manuel Mendoza Aranguren, el guía de la patrulla
Rinocerontes, tenía una imprenta. Su hijo me sugirió ir a hablar con
él, quien me dijo: pues mira, la forma más práctica es hacer una edición
de tres mil ejemplares. Entonces sí te va salir más barato, a noventa
centavos por ejemplar. Dos mil setecientos pesos era una fortuna, yo
no los tenía. Ahí influyó otra vez en beneficio de mi persona el ingeniero
Rafael Ulbarri Ucha, quien me dijo a ver, dame esos apuntes. Las ilustraciones
sepáralas, porque así se acostumbra en las imprentas: tú las numeras
y vas diciendo en el texto dónde se deben intercalar. Las tienes hechas
en tinta azul. Hazlas en tinta china.

Yo hice lo
que pude y conseguí por ahí a otro dibujante, Guillermo Ahuja, de los
que dibujan sin ser dibujante. Después, me dijo el ingeniero Ulibarri:
ya empezó a cambiar el concepto. Ya no va ser para la tropa, va ser
para la Asociación: voy a llevar este trabajo a la consideración del
Consejo Nacional, y así lo presentó. Se formó una comisión para estudiarlo
que en treinta días declararía su fallo. Me entusiasmé y siempre creí
que sería aceptado, pero no fue así. Al término del plazo me dijo con
gran desilusión que no había sido aceptado para los muchachos, pero
sí para los jefes de tropa.
Fui a la
Asociación de Scouts de México, las oficinas estaban en Dieciséis de
Septiembre número cinco, para preguntarle a la secretaria por las direcciones
de los jefes de tropa de toda la república. No pasaban de treinta. Pedí
permiso a la señorita para copiarlas y regresé a mi casa con la idea
de hacer la impresión del libro. Fui con mi papá, acompañado de Rafael
Ulibarri, para convencerlo de que me prestara la cantidad necesaria:
don César, préstele dinero a su hijo, va a recuperarlo, va a salir adelante,
y eso de que nada más sea para el grupo, no; ahora va a ser para toda
la Asociación.
Publiqué
tres mil ejemplares. Los zambutí abajo de los sofás y libreros, en todo
lugar donde había un huequito en la casa, ahí rellené de los paquetes
de ejemplares que me entregaron de la imprenta, y salí al mundo a venderlos.
Con las direcciones tomadas empecé a mandar cartas personales: acabo
de publicar el libro Para ser scout, ese fue su título; su costo es
de uno cincuenta, está a su disposición. Remítanme un giro postal a
mi nombre y a vuelta de correo recibirán su libro.
Así empecé
a mandar cartas. Al regresar del colegio lo primero que hacía era escribir
cinco cartas en la máquina de mi padre y esa misma tarde o a la mañana
siguiente salía al correo, que estaba muy cerca, a comprar cinco centavos
de importe para mandarlas; empecé a recibir compras de los libros,
algunos me remitían timbres de a cinco centavos que yo, a su vez, reutilizaba
para seguir mandando cartas. También empecé a usar un saco de mi padre,
de los que hacía años no se ponía y a mí ya me quedaba. Tenía la gran
ventaja de que cada una de sus dos bolsas laterales me permitía llevar
cinco ejemplares, y empecé a asistir a las juntas de todos los grupos.
Lo compraban de inmediato. En cualquier momento intervenía el jefe de
tropa y decía oye, quiero diez. Pues traigo ocho. Dámelos. Dame el dinero.
No, no tengo. Entonces, no. Así fui anunciando mi libro.
La reacción
de los primeros lectores fue soberbia. Todo mundo estaba impresionado
y lo quería tener. Hubo un campamento, creo que en los llanos de Salazar,
donde pusieron una pista scout que resultó un fracaso espantoso ya que
nadie entendió las señales, además de que fueron borradas por un aguacero
que cayó ese día. Yo no estaba, pero quienes fueron me dijeron que unos
recriminaron que no sabían poner la pista y, los otros, que no sabían
leerla, armándose una trifulca... y es que yo ya había introducido las
señales de pista a través de Para ser scout, donde tomé como base todo
lo inglés, mientras que los encargados de poner la pista eran ex dirigentes
del grupo sexto, que usaban libros de los scouts de Francia, porque
ellos en la escuela lasallista tenían como materia extranjera el francés;
éstos, indignados, se presentaron ante el jefe de campo, el doctor
Paul Loewe, un radiólogo austriaco muy acreditado en México, que había
sido scout en su país natal y era reconocido como la persona más conocedora
del escultismo en el país en esa fecha, a quien reconvinieron: la causa
de todo la tiene este librito, y le sacaron Para ser scout.
Paul Loewe
no les contestó nada: comenzó a pasar página por página, deteniéndose
a leer algunos párrafos de repente; al terminar la revisión del libro
lo cerró, se los devolvió y dijo: Todo lo que está escrito aquí, es
bueno. A los quince días recibí un llamado a mi casa de Ángel Calvo,
era del grupo segundo y tenía a su cargo la tienda scout: César, queremos
que vengas a vendernos ejemplares. Ya no hubo de que si el Consejo Nacional
lo aceptaba o no, ya esta introducido.

Antiguo pueblo de San Simón Ticumac, marzo de 2002.
Extracto
del libro "De cómo Macazaga llegó a ser nombre de manual", un esbozo
del escritor más influyente de Latinoamérica, por Arturo Reyes Fragoso.
Edición especial para el Grupo VII de México, publicada por Cuadernos
del Centro de Estudios del Escultismo con el patrocinio de Espíritu
Azul.
Si te interesa contar con un ejemplar de este libro contáctanos
a:
espirituazul@GRUPOVII.com
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